» Publicado en EL MUNDO. 26.6.2015. CRISTINA G. LUCIO

Perdieron su dinero, muchas esperanzas para el futuro, la confianza en el sistema y un sinfín de horas de sueño. ¿Pero qué ha pasado con la salud de las víctimas del fraude bancario? ¿Cómo ha sufrido el organismo de quienes se quedaron sin sus ahorros por las preferentes y otros productos financieros opacos? Una investigación tratará de averiguarlo y de definir el estado físico y mental de los afectados por el abuso económico.

“La comercialización de productos financieros complejos ha afectado a la vida de cientos de miles de ahorradores en España. No tenemos constancia de que un fraude masivo de estas características haya ocurrido en otros países, por lo que queremos examinar la relación entre el tipo y la cuantía de este fraude y la salud de las personas afectadas”, explica Victoria Zunzunegui, profesora de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Montreal (Canadá) y una de las impulsoras de esta investigación.

“Nuestra hipótesis”, avanza, “es que se ha producido un impacto negativo, y que existe una relación dosis-respuesta; es decir, que quienes han sufrido un fraude más grave (de más del 50% de sus ahorros) tienen también peor salud física y mental y una mayor utilización de servicios sanitarios que el resto”.

En concreto, los investigadores intentarán averiguar en qué medida haber perdido de forma repentina su dinero ha podido incrementar el riesgo de estas personas de padecer trastornos cardiovasculares, cerebrovasculares, diabetes, cáncer, enfermedades autoinmunes y depresión, entre otros problemas.

“Esta pérdida de ahorros constituye un gran estrés, y como todas las fuentes de estrés crónico, puede producir reacciones en múltiples sistemas regulatorios del cuerpo”, señala Zunzunegui, quien recuerda que “hay una gran evidencia científica acerca de los efectos que el estrés ejerce sobre la respuesta inflamatoria y la respuesta inmune”.

“No sabemos todavía si éstos u otros mecanismos están implicados, pero creemos que se puede usar la ciencia para estudiar los efectos tóxicos de las malas prácticas bancarias“, apunta Ángel Otero, director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid, que coordinará todos los detalles de la investigación.

El primer paso, aclara, es reclutar a unas 800 personas que, en mayor o menor medida, hayan sufrido el fraude bancario en todo el territorio nacional entre 2008 y 2013. Ya se han establecido contactos con asociaciones de afectados con el objetivo de intentar llegar al mayor número posible de personas. “Necesitamos evaluar todo el espectro de afectación, tanto los que han sufrido una gran pérdida de ahorros como los que han perdido menos”, señala Otero, quien aclara que los datos se recogerán a través de cuestionarios auto-administrados que cuentan con todas las garantías de confidencialidad y respeto a las leyes de protección de datos. La investigación ha recibido, además, el visto bueno de la comisión de ética del Hospital Universitario La Paz de Madrid.

Además de detalles sobre la pérdida financiera, distintos indicadores de salud y el uso de servicios sanitarios, los investigadores también tendrán en cuenta otros condicionantes, como el estado civil, la existencia de apoyos psicológicos o el número de personas dependientes del afectado o sus hábitos de vida.

“En la primera fase queremos hacer una fotografía de la situación, apunta Zunzunegui. “Pero, si obtenemos más financiación, la idea es constituir una cohorte y establecer un estudio longitudinal y estudiar los efectos a cinco o diez años“, señala.

Por el momento, el estudio está financiado por la recién establecida Fundación FINSALUD, cuyo objetivo es mejorar la salud física y mental de las personas que han sufrido pérdidas financieras súbitas. El patronato de la fundación está presidido por José Manuel Ribera Casado, catedrático emérito de Geriatría y académico de la Real Academia Nacional de Medicina.

“Es urgente conocer la situación de salud física y mental de estas personas para poder conocer el alcance de este impacto, prevenir el agravamiento de los trastornos de salud que se presenten y facilitar los servicios de salud adecuados para su situación”, reclaman Otero y Zunzunegui, que recuerdan que, aunque pueda parecer una obviedad, constatar científicamente que el fraude bancario ha perjudicado seriamente la salud de quienes lo han padecido es importante en muchos sentidos.

Zunzunegui pone un ejemplo: El 2 de junio de 2015, la Corte Suprema de Quebec (Canadá) condenó a tres grandes compañías de tabaco a pagar más de 15.000 millones de dólares en compensación por los daños causados a 100.000 ciudadanos. “Esta compensación”, subraya la investigadora, es el resultado de un trabajo realizado por un grupo de investigación epidemiológica que demostró que más del 90% de los cánceres de pulmón en la población de fumadores son atribuibles al tabaco”.

Los interesados en participar en el estudio podrán encontrar en los próximos días más información en la web de www.finsalud.com