Madrid, 24 de abril. Publicado por Europa Press. Desde que en 2008 se destapó en España el fraude las participaciones preferentes, más de un millón de personas han sufrido alguna mala práctica financiera y han perdido gran parte de sus ahorros. En algunos casos, todos. La mayoría son personas mayores, muchas ya jubiladas, que han visto esfumarse el dinero que había conseguido acumular después de una vida entera de trabajo.

La tensión provocada por estas pérdidas financieras súbitas ha supuesto con frecuencia la aparición de enfermedades o el agravamiento de las que ya padecían. Hasta ahora se desconocía la relación que tenían las malas prácticas bancarias con la salud física y mental de las personas. Pero gracias a un estudio realizado por la Fundación Finsalud se sabe que el 85% de los afectados por las preferentes tienen una salud regular o mala.

Las consecuencias que estos fraudes bancarios tienen en el bienestar de las personas son las mismas que las que produce el estrés crónico, es decir, aumento de la depresión, ansiedad, enfermedades mentales, cardiovasculares y metabólicas, según afirman las responsables del estudio, María Victoria Zunzunegui y Milena Gobbo.

La hipótesis que han estado barajando en el estudio es que las pérdidas de los ahorros por fraude tienen consecuencias bastante más graves dependiendo de cuanto mayor sean estas pérdidas en proporción con los ahorros de los que disponía la persona afectada.

Perfil de los afectados

El perfil de las personas que tienen mayores trastornos crónicos por la pérdida de dinero, tras ser víctimas de un fraude bancario, son las que tienen antecedentes de depresión o ansiedad.

La mayoría de los afectados por las preferentes tienen edades comprendidas entre los 55 y los 65 años. Un 80% de ellos afirma tener una mala o regular salud por esta estafa. Por su parte, los engañados por las hipotecas multidivisa están en un rango de edad entre los 35 y los 45 años. De ellos, un 70% tienen una salud regular o mala frente a la población general.

“El rol que ha ejercido la persona que está en el banco es el mismo rol de conocimiento y autoridad que ejerce un médico. El agente del banco para estas personas era el experto, el que les aconsejaba lo que era mejor para su dinero y por ese motivo confiaban en él”, afirma Gobbo.

Es decir, en el caso de ser víctima de un fraude, las familias que tengan casi todos sus ahorros invertidos en un mismo activo, tendrán más probabilidad de caer enfermas ya que la diversificación de activos no es tan grande si se compara con quien tiene más recursos.

La vergüenza o la culpabilidad de los afectados por un fraude financiero son algunos de los “handicaps” a la hora de realizar este tipo de estudios.

Con este estudio se usará para apoyar las demandas de compensación económica y para que el Banco de España trate de iniciar actividades preventivas en la educación de la banca para que cesen este tipo de actividades fraudulentas, que no sólo minan los ahorros de la sociedad sino que afectan a la salud de quien los sufre.

Ayudas

Las organizaciones de consumidores como OCU, Facua o Ceaccu ofrecen ayudas ante estas situaciones. Concretamente, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) cuenta con un servicio de asesoramiento al consumidor afectado, que sea socio, campañas informativas y campañas centradas en abusos financieros, tanto para socios como para no socios.

Facua, por su parte, cuenta con un apartado en su web en el que los afectados por un fraude bancario pueden emprender una campaña para reclamar su dinero y sus derechos, mientras que Ceaccu ofrece un espacio específico para la realización de reclamaciones como consumidor, en el que se puede alegar en los tribunales o en el sistema arbitral de consumo.

Además, la organización acaba de sumarse al ‘Decálogo para el cambio de cultura bancaria’, promovido por las organizaciones Asufin, Adabankia y la Fundación ¿Hay Derecho?. La adhesión de Ceacci a esta iniciativa ha estado motivada porque la organización considera que es “urgente” poner fin a las malas prácticas bancarias y la impunidad con la que se desarrollan frecuentemente.